La obesidad infantil es uno de
los problemas de salud pública más graves del siglo XXI, según la organización
mundial de la salud. El problema es mundial y está afectando progresivamente a
muchos países de bajos y medianos recursos, sobretodo en medios urbanos. Es
entendible que un pequeño niño con algunos kilitos de más nos resulte adorable,
en especial a esas abuelas que les encanta cocinar golosinas ¿Y a quién no? Pero
¿qué pasaría si esos kilitos de más fueran más que unos kilitos y llegasen a
ser ni más ni menos que 192 kilogramos?