Hay tantos países en este gran continente, que no es malo detenerse un poco y al menos conocer de dónde proviene o qué quiere decir el nombre del tuyo. Muchos se originaron durante la conquista española, en otros, las tierras tenían alguna característica especial y nunca pudieron desprenderse de esa “etiqueta”, también están los que fueron nombrados por las tribus de sus pueblos indígenas.
Es interesante pensar cada país como un color, una comida, un baile o música específica. Si uno se pone a reflexionar, hay demasiado que abarcar en cada territorio como para decidirse por solamente una palabra o una bandera.
El trabajo de escoger un símbolo que represente a una o muchas culturas es difícil. Con el tiempo pueden cambiar los nombres de las calles, de los pueblos, incluso de las ciudades, pero en el caso de los países siempre es más complicado. Históricamente han habido ejemplos, pero éstos pueden contarse con los dedos de una mano ¿Podría decirse que los nombres de los países perdurarán lo que dure la civilización humana?
Nadie lo sabe, pero por lo menos con esta información podemos sentirnos un poco más cultos:
